No existe un método o libro universal que tenga todas las pautas que nos permitan educar o criar a un niño de forma perfecta. Existen muchas variables que nos obligarán a adaptarnos y a aprender de ellos de modo que podamos llevar a cabo un proceso de desarrollo mutuo beneficioso para todos.

Muchos padres nos preguntan… ¿Hay un método universal o un libro que nos indique todo lo necesario para educar a un niño?

La respuesta a esta pregunta es NO. Existen muchos factores que inciden en la vida y desarrollo de una persona.

Cuando nacemos hay una gran cantidad de variables:

  1. Ya en el vientre materno, percibimos el mundo a través de como lo vive la madre; de una forma hormonal el bebé percibe alegría, seguridad o inseguridad del mundo exterior.
  2. Cuando llega el momento del nacimiento, según cómo llegamos a este mundo, nos influye el nacer por: cesárea, fórceps, parto natural o ser prematuro.
  3. En el entorno familiar no tenemos igual visión del mundo cuando uno nace el primero (con la expectación de abuelas y tíos) que nacer segundo o tercero.
  4. Por último, la carga genética: no hay un niño igual a otro, tanto física como temperamentalmente.

CADA NIÑO ES CADA NIÑO

Lo que sí es cierto es que la educación del siglo XXI tiene que ser global, pues hoy sabemos que todo nos afecta y el periodo de los cimientos de la personalidad del niño es la de cero a tres años. La maduración psicomotora es paralela a la madurez neurológica.

El modo que tenemos de actuar en la sociedad es de etiquetar a los niños según su comportamiento o aptitudes físicas: “este niño es un llorón”, “es hiperactivo”, “es bueno”, “es malo”, “es autista”…

Los niños son el reflejo de lo que los adultos pensamos de ello y el niño actúa en consecuencia de estos estímulos. Por ello es sumamente importante no etiquetar, pues están en un proceso de formación de su personalidad y pueden ir cargados en todo su proceso escolar con un cúmulo de etiquetas que afectarán su confianza y autoestima.

Una herramienta que nos permite observar analizar valorar y acompañar al niño en estos procesos es la Psicomotricidad no dirigida.

 

¿Qué es la Psicomotricidad?

Es la acción del niño donde se mueve su afectividad, sus deseos y sus posibilidades de comunicación y aprendizajes, y tiene dos componentes el motriz y el psíquico.

La psicomotricidad no dirigida puede ser…

  • Educativa y preventiva donde el niño vive sus emociones y la psicomotricista le acompaña para alcanzar su madurez y equilibrio armónico para su personalidad.
  • Reeducativa: se dirige por ejemplo la alteración del esquema corporal la alteración de la coordinación o torpeza motriz ya que ésta afecta a la madurez neurológica.
  • Terapéutica: es un conjunto de técnicas aplicadas cuyo objetivo es solucionar trastornos madurativos.
  • Pedagógica: favorece los aprendizajes no solo los manipulativo sino también de las arias lógico matemáticas y de lenguaje permite dar continuidad al desarrollo de las inteligencias emocionales.

Cuando un niño busca sus propios aprendizajes aparece el pensamiento.

 

María Luisa García Molinero