No existe un método o libro universal que tenga todas las pautas que nos permitan educar o criar a un niño de forma perfecta. Existen muchas variables que nos obligarán a adaptarnos y a aprender de ellos de modo que podamos llevar a cabo un proceso de desarrollo mutuo beneficioso para todos.

La mayoría hemos recibido un masaje: cuando nos damos una crema o por un fisioterapeuta o masajista. Reconocemos por nosotros mismos los beneficios que nos aporta, cómo nos tonifica o relaja. Los beneficios principales de dar un masaje a nuestro bebé son…

La estimulación que les proporciona al sistema nervioso, al tono muscular, al sistema respiratorio, sistema inmunológico, sistema endocrino, sistema gastro intestinal…

La relajación pues mejora el sueño de nuestros hijos y su sistema nervioso.

La liberación de tensiones emocionales.

Pero el mayor beneficio es el tacto como vínculo entre padres e hijos, el cual ayuda a crear más valores familiares.

Masaje infantil bebés
El masaje infantil es la mejor forma de obtener un vínculo directo con tu hijo

El bebé durante nueve meses se encuentra en el vientre materno. Un lugar caliente donde reconoce los latidos del corazón de su mamá, juega con el cordón umbilical o con sus deditos y en los últimos meses reconoce el tono de voz de su madre, escucha canciones o música con ella y cuando nace, las reconoce.

Llega el momento de nacer y en el parto, sufre tanto la madre como el bebé. Este aparece de repente en un lugar más frío, con una sensación de caída en el vacío, pues estaba en un lugar donde percibía los límites y su primera respiración le produce dolor.

Ante todo esto… ¿cómo podemos transmitirle a este “extraterrestre” que aparece en la tierra que le esperábamos con ilusión y que ya antes de nacer le amábamos?

Con el masaje, donde además de transmitir todos los beneficios anteriores, transmitimos toda la emoción de nuestro amor con la mirada, con el gesto, con nuestra forma de hablar al tocarlo acompañado de una voz tranquilizadora y afectiva, es la mejor manera de comunicarnos con nuestro bebé: le preparamos para recibir y dar.

Este vínculo de apego les acompañará a lo largo de su vida: cuando sean gateadores activos, caminadores, cuando estén en edad preescolar, escolar y en su adolescencia.


Educar con el tacto es crear un hilo conductor el cual, cuando tocamos a nuestros hijos estos saben que son queridos y permite comunicarnos en distintos momentos de la vida sin necesidad de decir nada.

Al educar por el tacto creamos vínculos seguros con nuestros hijos.

María Luisa García Molinero